Los cuerpos bibliográficos 30 años de bibliografía martiana y las biobibliografías de Don Fernando Ortiz, Ramiro Guerra Sánchez, Alejo Carpentier, Carlos Rafael Rodríguez y Emilio Roig de Leuchsenring anteceden a este nuevo repertorio biobibliográfico. Por eso sus estructuras sistemáticas y el tratamiento a la obra periodística de algunas de estas figuras, en especial, Alejo Carpentier, han influido en el tratamiento que requería la obra de Lisandro Otero en su totalidad. En Carpentier y Otero coincide una extensa e intensa labor periodística que precede a una obra novelística, en el caso del primero de talla universal, y en el caso de Otero considerada actualmente, una de las más importantes de América Latina.

Otro antecedente y punto de partida inestimable fue el donativo que hiciera LO de su colección, a la Biblioteca Nacional José Martí, a mediados de 1993. Las posibilidades de información que ofrecía esta papelería respecto a su vida y obra en especial, de su extensa labor periodística, innegable basamento de su obra novelística, y en muchos casos paralela a su cuentística, justificaba a plenitud, la compilación de un repertorio mayor que se acercara a la exhaustividad, ilusión del bibliógrafo e imposibilidad de lograrla, aun a riesgo de ser una ilusión casi imposible de lograr porque la constante en una creación de repertorios es, precisamente, el completamiento y actualización que siguen a un movimiento editorial que no se detiene, y que sólo por medio de suplementos se consigue añadir a la información ya organizada, nuevas búsquedas descritas en asientos que quedaron a la zaga, o en otros de mayor actualidad.

Por otra parte, un repertorio muy apreciable precedía a este repertorio mayor que ya exigía la obra del autor de Bolero y Temporada de ángeles. Se trata de la Cronología y bibliografía de Lisandro Otero compilada por el colega Tomás Fernández Robaina, y publicada por la Biblioteca Ayacucho, de Caracas, en 1993. Su brevedad y el carácter selectivo de la bibliografía, sin lugar a dudas, respondieron a los requerimientos de la prestigiosa Colección que dirige José Ramón Medina.

También la bibliografía de La situación de TFR, publicada por la Revista de Literatura Cubana, más específica, al referirse a una sola obra de Otero, resulta otro valioso punto de partida.

Las limitaciones que presentan las compilaciones comentadas determinaron la necesidad de un nuevo repertorio, de modo que era necesario uno más totalizador que definiera las peculiaridades de la trayectoria vital de LO, y la descripción analítica de su obra, en especial, de su quehacer periodístico.

De manera que el problema enfrentado no sólo suponía la creación de un repertorio biobibliográfico de mayores proporciones que los anteriores, sino el enfrentamiento y utilización de una colección no procesada; la lectura cuidadosa de cada documento me permitió recuperar datos, y descubrir, analizar y clasificar los distintos textos. Con los datos biográficos y algunos bibliográfico-críticos reconstruyo en detalle la trayectoria vital, y con los textos previamente localizados y procesados se creo el sistema o cuerpo bibliográfico. (En muchos casos la localización de los textos resultó harto difícil porque en los recortes de periódicos no se habían consignado los datos necesarios. Los tipos de letras, títulos de secciones fijas, anuncios en el reverso de la página y otros indicios, permitieron el completamiento de datos.)

Estos pasos facilitaron posteriormente la inclusión de la información descrita por TFR al actualizarla y enriquecerla en detalle, en particular, con la descripción bibliográfica de la obra periodística de Otero.

Las distintas etapas que determinaron el desarrollo de este trabajo se interrelacionaron, pues en estos casos la dinámica de la tarea implica nuevas situaciones, y por eso se enlazaron los pasos hasta lograr una rica trayectoria vital y aproximadamente más de 2 000 asientos.

La recuperación de datos y la descripción de textos exigió la organización de la Colección por tipos de documentos, en bibliografía activa y pasiva, con un orden cronológico por décadas que en los años 80 requirió una mayor precisión teniendo en cuenta que la publicación de las novelas más exitosas de Otero generaron una considerable bibliografía crítica.

Experiencias anteriores habían demostrado la necesidad imperiosa de organizar la Colección o papelería no procesada, de una figura o sobre un hecho histórico, cuando sobre esta documentación trabajara después el bibliógrafo. Recordemos que un repertorio bibliográfico es guía para la demanda, y es preciso satisfacerla al organizar previamente la documentación que después el bibliotecario procesa, según las reglas establecidas. Por supuesto que el bibliógrafo también podría partir de una colección ya procesada, pero generalmente esto no ocurre, porque la búsqueda que debe emprender lo lleva, en muchos casos, a colecciones no conocidas. En este caso, el compilador puede promover la adquisición de éstas. Estos pasos le permiten al bibliógrafo identificarse con su tema porque accede a la búsqueda de todo tipo de fuentes, y en ese camino hacia un fin puede enfrentarse a una colección no organizada o depositada en manos de particulares o en instituciones de carácter diverso.

Por supuesto, que esta organización de las colecciones por parte del investigador deberá ser provisional, pero no ajena a su posterior proceso. Éste logrará una organización tal que sirva de base al catalogador y clasificador quien luego volcará el contenido de la información en una guía acorde con la norma vigente para manuscritos y mecanuscritos. Organización, reitero, provisional de manera que la demanda sea satisfecha mediante la bibliografía mientras la colección no sea procesada. Una vez iniciado su proceso posterior el especialista no debe ignorar el trabajo bibliográfico que le antecede, sino saber utilizarlo en beneficio de la descripción y el servicio.

Y al lograr una organización provisional que permita la recuperación de los textos descritos en la bibliografía creo haber alcanzado uno de los objetivos de mayor interés en la compilación de este repertorio. Ambas organizaciones (colección y cuerpo bibliográfico) resultan sistemáticas, y una y otra se complementan.

Así, por ejemplo, para localizar una crónica de música o de cine escrita por LO se acude a la recortería activa organizada por décadas; un mecanuscrito no publicado aparece en el cuerpo bibliográfico por este tipo de documento y, si está publicado, por su contenido en el cuerpo bibliográfico, y en este último caso una nota indica que en la colección se encuentra el mecanuscrito de este texto con su número de hojas. Este tipo de documento se halla en la Colección también en orden cronológico, y los que no poseen fechas, en file aparte. Similar organización presenta la bibliografía pasiva o crítica. Una sencilla y provisional organización de la Colección proporciona la recuperación de la información descrita en un cuerpo bibliográfico analítico, y en ocasiones anotado, comentado y crítico.

Los ajustes que requirió el sistema de esta compilación dependieron principalmente de los contenidos de las crónicas periodísticas. En cuanto a la descripción de libros y folletos se utilizó la estructura de la bibliografía selectiva compilada por TFR, la cual se chequeó cuidadosamente con vistas a su actualización. Un chequeo similar, y necesario también, requirió el recuento bibliográfico sobre La situación.

La indización auxiliar pretende múltiples posibilidades de búsqueda.

El cuerpo bibliográfico obtenido da fe de la trayectoria del periodista devenido novelista después de cientos de crónicas.

El resultado primero es la creación de este nuevo repertorio bibliográfico descriptivo, anotado, comentado y crítico. La utilización de distintos tipos de asientos benefició el equilibrio del repertorio y posibilitó una mejor y mayor explotación de la información, lo cual se revertió en la indización auxiliar. Los índices auxiliares utilizados, en
especial el analítico responde a las características de la obra compilada y a las exigencias de la demanda, y aunque la compilación Cronología y bibliografía de Lisandro Otero de TFR fue selectiva, fundamentalmente por las razones antes expuestas relacionadas con los requerimientos de Ayacucho, no podía incluir, en detalle, la extensa labor periodística de Otero quien ejerció, desde su adolescencia, el periodismo cultural. Otero se estrenó en el matutino El País- Excelsior con una aguda crítica sobre el compositor alemán Jorge Federico Handel. A partir de entonces, desde 1949 hasta 1952, cubrió el sector correspondiente con artículos literarios y otros relacionados con la danza, en particular el ballet, las artes plásticas y la música. Una singular entrevista en La Habana con Igor Stravinsky inauguraba sus colaboraciones en la revista Bohemia, allá por 1951. Como enviado especial de esta histórica e imprescindible revista viaja a México para realizar la cobertura de los comicios generales de 1952. La ocasión fue propicia para Otero quien recorrió el país azteca y leyó y conoció su historia, su revolución, su arte, su literatura...

En octubre de 1954, cuando se gradúa en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, ya era un destacado crítico de cine del periódico El País, como su corresponsal, y también de Bohemia en los años 1955-1956 informó a Cuba desde Europa sobre los famosos festivales de cine de Cannes, en la Riviera francesa. Conquista por esta época el más importante lauro en su género, el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez, con ágiles y certeros trabajos sobre la guerra de Argelia.

Ya formado como periodista abraza toda la gama del oficio y tras un fecundo viaje por Europa regresa a Cuba en 1956. Se incorpora al equipo de la sección «En Cuba» que aparecía semanalmente en Bohemia y continúa como cronista de cine de El País.

En 1958 funda una vivaz y leída columna, titulada «Menú», en el Diario Nacional, mientras como periodista político actuaba en la prensa clandestina. Después del triunfo de la Revolución desempeñó el cargo de servicios especiales en el periódico Revolución donde redactó, sin firma, las secciones fijas «24 horas», «Periscopio» y «Al pan, pan, y al vino, vino», esta última con el seudónimo de El Jacobino. Difícil búsqueda bibliográfica que requirió un recorrido página a página, del periódico Revolución. Su obra periodística continuará después en las décadas de los 60, 70 y 80, y de ella surge un jugoso reportaje sobre la reforma agraria Cuba: Z.D.A. y posteriormente En busca de Viet Nam, y Razón y fuerza de Chile.

Y de esta inmensa tarea periodística surge el prosista vivo, real, con decoro estético y fluida imaginación: así se conjuga el periodista y el novelista. Y por ello serían reveladoras sus novelas General a caballo y Temporada de ángeles en las cuales atrapa dos momentos de la historia de América y de Europa. Era innegable que el magisterio de su periodismo lo hacía alcanzar la novela. Ejercicio del periodista que alcanza la prosa literaria. Necesario estudio que requiere este tránsito tanto en Alejo Carpentier como en LO, en quien se reitera el camino hacia la gran novela latinoamericana.

Recomendamos se siga favoreciendo la creación de este tipo de labor bibliográfica no sólo por constituir una obra útil de referencia, sino por controlar el patrimonio bibliográfico nacional y ser punto de partida de otras investigaciones literarias e históricas, en este caso en torno a la gran novela cubana y latinoamericana y, en especial, a la historia del periodismo cubano y su incidencia en la creación literaria.

Carpentier escribe su primera novela ¡Ecué-Yamba-Ó! en 1933 después de haber escrito 415 crónicas en periódicos y revistas cubanos tales como La Discusión, El Heraldo, Diario de la Marina, Social y Carteles. En los años siguientes, en las décadas del 30, 40 y 50 continúa una intensa labor periodística en Cuba y en Venezuela.

A partir de 1945 colaboraría en El Nacional de Caracas donde publica más de 1 800 crónicas en la sección que él mismo denominara «Letra y Solfa». Muy especialmente en las crónicas de «Letra y Solfa» está la simiente de la gran novela latinoamericana, valedera experiencia que Carpentier incorporaría a Los pasos perdidos, prodigiosa novela que al decir de su autor «se adentra en tierra que nunca rompió el arado de la pluma».

Por su parte LO publica su primera novela, La situación, en 1963 (Premio Casa de las Américas) después de una intensa labor periodística en la prensa cubana desde 1949. Cientos de crónicas sobre la vida política, social y cultural de Cuba cimentan La situación, influencias que alcanzan esta obra, despiadado recuento de las condiciones reinantes en Cuba desde los albores de la República hasta 1952 e inestimable documento sobre la decadencia de la burguesía dominante. El audaz empeño de Otero de captar narrativamente el proceso cubano anterior (1902-1952) fue seguido en 1970 por En ciudad semejante, novela que refleja el difícil período de la dictadura y la resistencia clandestina. Obra que tampoco es ajena a su intensa labor periodística, en este caso la de los últimos años de la década del 50 que tan brillantemente ejerció principalmente en Bohemia y en el Diario Nacional y también en la prensa clandestina.

A grandes rasgos estos razonamientos podrían comprobarse aún más, con altos estudios literarios, sobre cómo el ejercicio del periodismo puede influir o convertirse en materia novelable en una obra novelística. En Latinoamérica no podría ser ajena a esta investigación la obra de Gabriel García Márquez.

En este sentido también da fe la colección de José Leza-ma Lima y el procesamiento de su colección que se apoyó en la compilación bibliográfica sin que antes estuviera organizada provisionalmente. En cuanto a la de LO, al existir una organización provicional y dos compilaciones bibliográficas previas ha sido factible garantizar un procesamiento de esta Colección, mucho más efectivo y, por ende, un control mayor de la misma.

Por su extensión y posible exhaustividad este repertorio servirá a profesores universitarios, investigadores, estudiosos, y críticos de la obra de Otero, y satisfará las exigencias de tesis de grado, programas de postgrados, y otros estudios comparativos sobre esta figura y su obra.

Araceli García-Carranza

1992