Con Noticias de la República su autor aporta a la bibliografía nacional una obra de indudable valor y, como pocas veces, esto ocurre en el momento preciso. Baste decir que el primer tomo de una serie que probablemente incluya dos o tres tomos más, se ha concluido a escasos días de la fecha en que, hace ya cien años, se instauró en Cuba la República, tras concluir el dominio colonial español y la ocupación militar norteamericana de la Isla.

Desde el punto de vista de su estructura, y aun de la filosofía profunda que lo animó, este primer tomo de Noticias de la República revela la decidida vocación del autor, tan en sintonía con la ética del bibliotecario, de servir, de ser útil, de ser puente, frecuentemente anónimo, para que otros investigadores avancen en sus pesquisas. Si una monografía historiográfica, por ejemplo, se convierte en un hito insoslayable para los que deseen conocer un período histórico determinado, se suele elevar al Olimpo de los historiadores al feliz autor, lo cual es justo, sin lugar a dudas, pero... ¿solemos hacer lo mismo con quienes le aportaron referencias y bibliografías para su trabajo? ¿Consideramos que debe existir también, aunque sea un humilde rincón de ese Olimpo para quienes facilitaron las fuentes a consultar o el acceso a manuscritos y libros sin los cuales no hubiese sido posible llevar a feliz término la investigación?

Siempre he dicho que detrás de cada gran obra de la cultura universal, y particularmente de las obras historiográficas, está la labor anónima de un bibliotecario y el uso de archivos y bibliotecas. No puede ser de otra forma, porque toda obra perdurable de la cultura universal es, forzosamente, una obra colectiva. Valgan también estas Noticias... para recordárnoslo.

Alrededor del 20 de mayo de 2002 se agitan pasiones encontradas. Por fuerza tenía que ser así. Pero sin entrar de lleno en la lid, me limitaré a apuntar que quien quiera sostener una polémica seria, y por lo tanto, científica, sobre el verdadero carácter y significado de la República cubana que vio entonces la luz, tendrá que remitirse a las fuentes primarias antes que a sus propias valoraciones.

Si las fuentes primarias deben ser consultadas y respetadas (y espero que en ello coincidamos todos), los repertorios bibliográficos que facilitan a los investigadores la recuperación de información confiable y verificable, en el menor tiempo posible, adquieren un significado relevante. Dicho resumidamente, quien confecciona los repertorios bibliográficos juega un decisivo papel sobre la elaboración del canon de una época, e ineludiblemente, influye sobre las apreciaciones y las valoraciones que de él se deriven. Quien ignore esta realidad lo lamentará en el decursar de una polémica ideológica como la que nos ocupa.

Una de las fuentes primarias de primera magnitud para profundizar en una época histórica determinada radica en la prensa, y también su literatura, las cartas y manuscritos privados o públicos, el estado de las costumbres y las artes, las biografías de quienes vivieron en ella, los retratos y fotografías, la actitud hacia los animales domésticos, las recetas de cocina, los ritos funerarios, la vinculación humana con el placer o el dolor, el aliento espiritual y religioso que recorre las décadas, la magia, los sueños y las utopías.

En el caso de Cuba, por ejemplo, tanto nos dicen sobre el oscuro período de la esclavitud los anuncios de venta de esclavos domésticos o para las plantaciones, que pululaban en la prensa de la primera mitad del siglo xix, como Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, o los cantos de los cabildos carabalí que se escuchan durante los desfiles del carnaval santiaguero. Del Céspedes confinado en San Lorenzo, del hombre que simbolizó en su figura a la revolución naciente y que fue herida de muerte con su deposición en Bijagual, se puede saber tanto por la lectura de su Diario perdido (y rescatado por la tenacidad y la pasión patriótica de Eusebio Leal), como por las cartas privadas dirigidas a su esposa Ana de Quesada, que son las de un hombre enamorado y frágil, las de un padre que nunca había conocido (ni conocería) a sus hijos nacidos en el exilio.

Si el estudio de la prensa es esencial para comprender cualquier período histórico, lo es mucho más para entender el ambiente real en que surgió y se desarrolló la República de 1902. A diferencia de otros períodos históricos anteriores en la historia de Cuba, aquí es posible tomarle el pulso completo a la época y a la sociedad de entonces mediante el análisis cuidadoso de la prensa. Y si fuese necesario aportar algún otro elemento, baste decir que el propio surgimiento de esta República, la ocupación militar que la condicionó, y la guerra de la cual se derivó, fueron fenómenos catalizados decisivamente (y cubiertos periodísti-camente en el terreno) por la poderosa prensa norteamericana de la época, a remolque entre las apetencias imperialistas de los círculos de poder de esa nación, y la pugna entre el New York Journal, de William Randolph Hearst, y The World, de Joseph Pulitzer.

Desde la Guerra Hispano-Cubano-Americana de 1898, hasta la Guerra de Afganistán, que aún se desarrolla en el 2002, nadie puede abstraerse de la influencia decisiva de la prensa en los acontecimientos históricos, ni obviarla a la hora de estudiarlos. Es un innegable acierto de Julio Domínguez aplicar este enfoque para acercarnos a la República cubana que se extendió entre 1902 y 1958, y hacerlo, según sus propias palabras, por la compilación ordenada de... "los leads de la prensa, y las noticias de entonces, caracterizadas por la síntesis y la inmediatez", a las que adicionó... "antecedentes noticiosos, recuerdos personales y curiosidades".

No quiero parecer indelicado, pero la República surgida en 1902, tal y como fue, con sus contradicciones y dolores abismales, y también con sus aciertos posibles (que los tuvo, a pesar de los círculos gobernantes y de la propia época) late en estas noticias con mucho mayor vigor, con mucha más claridad que en enjundiosas obras historiográficas, repletas de estadísticas, categorías y conceptos ortodoxamente científicos, y escritas en un lenguaje tan elevado que se pierde entre las nubes sin ser capaz de levantar emociones, ni provocar la pasión de los lectores. Conociendo la sencillez y el tacto del autor de estas Noticias..., lo imagino corrigiendo esta afirmación mía, e indicándome que se sentiría satisfecho si su obra complementa las investigaciones ya realizadas, o muestra caminos nuevos a los historiadores.

Para hacer este Prólogo examiné en su versión digital este primer tomo, dedicando a ello desde el amanecer hasta bien entrada la madrugada de un domingo, para mayor inspiración, del domingo 24 de febrero del 2002. En sus páginas encontré los períodos de gobierno de cinco presidentes cubanos (Estrada Palma, José Miguel Gómez, García Menocal, Zayas y Gerardo Machado), y en ellos, reelecciones, guerras, levantamientos, intervenciones militares, el envío de buques de guerra y procónsules imperiales, zafras, inmigraciones, asesinatos políticos, corrupción, luchas estudiantiles, huelgas obreras, negocios fraudulentos, ciclones, incendios y epidemias. Sin lugar a dudas, un elocuente compendio de todo lo vivido por el pueblo cubano, de todo lo que tuvo que sortear para llegar hasta el presente y que no se puede ocultar e ignorar, que no admite metáforas postmodernas ni trucos de la desmemoria, tan en boga en los tiempos que corren.

Para los que hoy, anhelando engañar a las generaciones que no conocieron a la Cuba de antes del 59, manipulan estadísticas aisladas y las manejan fuera de contexto, por ejemplo, al hablar del número de automóviles percápita; los remito a los cinco mil muertos reportados oficialmente (fueron muchos más) en las noticias del 20 de mayo de 1912, al reprimir el Gobierno de José Miguel Gómez el levantamiento de los Independientes de Color; o a las que nos informan sobre slos seiscientos niños huérfanos arrojados a la calle durante el Gobierno de Zayas por la quiebra de la capacidad gubernamental para sostener las creches y asilos, mientras unos años antes, en 1918, se informaba el 16 de marzo que el decorado del Palacio Presidencial había sido contratado a la Tiffany de Nueva York a un costo de $1 500 000.00.

Para los que suspiran por una supuesta felicidad perdida, y por las instituciones burguesas abolidas por la Revolución, a las que consideran depositarias de todas las virtudes democráticas, basta remitirlos a la denuncia publicada por La Discusión, el 15 de septiembre de 1918, sobre el estado

ruinoso en que se hallaba la casa natal de José Martí, o la del 26 de mayo de 1922, donde se comunicaba a la opinión pública nacional que los veteranos de las guerras de independencia hacía diez meses que no cobraban sus pequeñas pensiones, o a la del 22 de agosto de 1905, donde se informaba del asesinato a manos de soldados del Gobierno de Estrada Palma del glorioso mayor general mambí Quintín Banderas (siete heridas de armas blancas, cuatro de armas de fuego), o al nombramiento del hijo de Zayas (Alfredo Zayas y Arrieta), el 25 de mayo de 1921, como subdirector de la jugosa Renta de Lotería.

Para los que rememoran con nostalgia La Habana del Teatro Alhambra, las superproducciones del Tropicana y las modas de El Encanto, los remito a los intentos de anexar Isla de Pinos a los Estados Unidos denunciados en las noticias del 10 de marzo de 1913, a los frecuentes choques de gente del pueblo con las hordas de marinos yanquis que asolaban las calles del país, al informe del doctor Eusebio Hernández sobre las estadísticas de la mortalidad infantil y sus causas, publicado el 6 de enero de 1911 (... "de 1903 a 1907, 58 394 niños de 0 a 5 años muertos por desnutrición y 21 223 muertos al nacer"...), y a la negativa del jefe norteamericano de la Aduana de Cienfuegos a acatar el feriado patriótico del 10 de Octubre, según noticias del 15 de octubre de 1900.

Pasan ante nosotros el huracán del 26 y los seiscientos muertos que provocó; el cometa Halley; el fraude de los hermanos Hupmann en los negocios del tabaco; la bomba que hizo correr a Caruso por las calles habaneras; el robo del original de "El himno del desterrado" de Heredia del Archivo Nacional; las maniobras de Mr. Magoon; la huelga de hambre de Mella; Kid Chocolate y Capablanca. Como diría Guillén... "todo mezclado".

Si he defendido el valor de las fuentes primarias, de las noticias de la prensa para aquellos que deseen sacar sus propias conclusiones sobre el carácter de la República moribunda que halló la Revolución en enero del 59, basta lo apuntado hasta aquí y que puede hallarse en el primer tomo de las Noticias... Los que vendrán después aportarán, inevitablemente, más de lo mismo. Y en ello radica, a fin de cuentas, la explicación profunda de las causas de la propia Revolución. Porque millones de personas, todo un pueblo, no se pone en movimiento, ni se arriesga, ni mantiene durante más de 40 años su lucha por gusto, ni por deslumbramientos circunstanciales, ni por engaños.

Porque de conocer estas Noticias... el pueblo cubano pasó a protagonizarlas. Eso, y no otra cosa, es la Revolución. Pocas monografías podrían explicarlo mejor que esta obra.


Eliades Acosta Matos

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